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| Cada luz, de Alfredo Jorge maxit |
Dentro de su colección “Universo sur”, la editorial La Luna Que acaba
de publicar “Cada luz”, nuevo poemario de Alfredo Jorge Maxit (Colón,
Entre Ríos, 1942), autor que ha abordado también la narrativa, el ensayo
y la crítica literaria. Ya la cita introductoria de Roberto Juarroz
anticipa el propósito del libro: “Yo
siento que el hombre sólo
existe con referencia a algo que es mayor que él”. ¿Qué es ese algo
indefinido e inaprehensible?, es la pregunta que anima la poesía de
Maxit; poesía que se yergue ante al misterio como instrumento de asedio e
indagación, no para obtener explicaciones ni develar verdades
absolutas, sino apenas para conquistar –en palabras de Rafael Felipe
Oteriño, tomadas del prólogo– “zonas de inteligibilidad allí donde
hierba, alas, sol, pájaro tienen su dominio y la mente persigue las
ondas del sentido”.
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| Alfredo Jorge maxit |
No es extraño que Maxit, debido a su formación cultural, incluya en
“Cada luz” numerosas referencias bíblicas, a partir de las cuales, a la
vez que interpela a la naturaleza humana, intenta acercarse a la
significación de lo creado. Precisamente, el poema inicial se remonta
hasta el Génesis y “
la pareja efímera”, como llama el autor a Adán y Eva, quienes, tras desobedecer a Dios y comer del “
árbol del saber”,
no se hicieron más sabios, sino sólo capaces de discernir el bien del
mal. Pero la visión de Maxit acerca de la realidad es menos dogmática
que cuestionadora. Así, en su búsqueda cognitiva, los poemas de “Cada
luz” describen una especie de contrapunto o movimiento pendular entre la
razón cosmológica y el relato religioso; vale decir, entre el orden
celeste (“
las mortales estrellas”) y el orden celestial (“
el más allá del horizonte”).
Hay en el libro, sin embargo, un sesgo de gratuidad materialista que se evidencia en el poema “Cosas”: “
Cosas
son las cosas/ cuchara, lápiz// los seres/ roca, perro, árbol,/ hombre o
mujer,/ oh cosa.// Cosas extendidas/ desierto, mar, noche.// Cosa la
vida, la muerte/ como si tal cosa”. Más adelante, coincidiendo con lo expresado en estos versos, otro poema hace alusión a “
la gratuita razón de los seres”, que no consiguen ver “
más allá de las estrellas” y sienten un “
Extraño regusto de lo Otro”.
Con todo, Maxit no se resigna a aceptar solamente lo que los ojos le
revelan y quiere ver –volviendo a citar a Oteriño– “más hondo y más
lejos”, aun a sabiendas de que “
la luz de la palabra” y “
las pródigas imágenes”
poéticas no serán suficientes para alcanzar su cometido: nombrar lo
innombrable. Está claro que las limitaciones del poeta son, en este
sentido, las de la condición humana misma para representarse aquello que
la excede con otras figuras que no sean las terrenales, como puede
apreciarse en “Semejanzas”: “
El reino de los cielos se parece/
–decía el sembrador de la palabra–/ a las bodas de un hijo/ a un hombre
que sale de viaje/ al grano de mostaza que llega/ a dar mucha sombra.//
…// El reino de los cielos se parece/ a la tierra”.

“Cada luz” –puntualmente en el poema que lleva este título– se
refiere a la luz de cada día, luz amable y bienhechora, que, sin
embargo, como parte inescindible del misterio universal, devela y oculta
al mismo tiempo. De igual modo, los versos de Maxit, epigramáticos y de
carácter metafórico, “
comparten…/ la voz con el silencio”, dicen y callan a la vez, a la espera de la intuitiva complicidad de los lectores.
César Cantoni
La Plata, octubre de 2011
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